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martes, 14 de mayo de 2019

INICIACION A LA PESCA A LATIGO O MOSCA EN EL MAR (1ª Parte)


INICIACION A LA PESCA A LATIGO o MOSCA EN EL MAR        1ª PARTE

Dentro de las modalidades de pesca en el mar, existe una en concreto, que apenas si es conocida dentro de las modalidades que se practican.  Esta modalidad es la pesca a latigo o mosca. Este tipo de pesca viene directamente de la pesca en rio, ya que es una modalidad muy común en la pesca de la trucha y otros ejemplares como el salmon y alguna especie mas. Pero cuando se traslada al mar, la cosa cambia bastante, principalmente porque aparte de tener mayor espacio para el vuelo de la cola de rata, también hay que cambiar el señuelo debido a que los peces de costa muy raramente atacan a los insectos en la superficie del agua.
Para muchos pescadores, esta modalidad es la autentica pesca con caña, porque consideran que hacer trabajar los cebos artificiales para que parezcan algo natural, es mucho más difícil que simplemente lanzar la caña y recoger, como sucede en el spinning o lanzar la caña y esperar como sucede en la mayoría de las modalidades. En eso no hay duda, dar vida a algo artificial es completamente distinto y difícil de conseguir. De ahí que en esta pesca se necesite un máximo nivel de técnica. De la pesca a látigo, hay que decir que es una de las pioneras en la pesca en agua dulce. De hecho muchos pescadores que dominan perfectamente esta modalidad, cada día se acercan más a las zonas costeras, para experimentar nuevas sensaciones y que su nivel de adrenalina se dispare, con la captura de algún depredador como la lubina, porque las capturas que se producen en el mar son completamente distintas a las producidas en agua dulce. Esta modalidad tomó su auge con la pesca de la trucha y utilizando cebos artificiales del tipo mosca y mosquito, ya que es un factor clave en la alimentación de este pez. Pero sin embargo, la cosa cambia cuando se traslada al mar, los cebos deben ser similares, pero diferentes a la vez, porque usaremos esas maravillas de ingenios creados por el pescador de trucha, pero, teniendo en cuenta que las moscas artificiales deben ser grandes y de colores llamativos. Claro que todo dependerá de la especie que se pretenda pescar, porque si lo que buscamos son mújoles, el artificial deberá parecerse a una miga de pan.  Hay que considerar que la pesca a látigo en el mar debe, por lógica, ser distinta que la realizada en agua dulce. Distinta en el sentido del lugar donde se realice, distinta por la condición de los depredadores que se claven, distinta por las condiciones atmosféricas, etc. Pero no distinta en su realización o mejor dicho en su ejecutoria. Estamos de acuerdo que la mayoría de las modalidades de pesca son individualistas, pero en el caso de esta modalidad, la individualidad llega a tener una mayor importancia. El estar solo ante la inmensidad de una playa, bahía, estuario, ensenada; el utilizar un  equipo de pesca, que al no tener plomo alguno, no altera el sonido característico de las olas al romper con el manto de arena o roca, sentir las salpicaduras del agua salada en la cara, sentir la leve brisa marina rozando tu piel, sentir el agua fría subir y bajar por tu cintura, divisar donde está el cardume de peces para intentar colocar ese sedal que silba junto a tu oído cerca de él... Todo este conjunto, hace que esta maravilla de modalidad sea amada cada  día más.




¿Dónde y cuando practicar esta modalidad?

Si por fin, nos hemos decidido a practicar esta modalidad en el mar, no podemos caer en el error de montar la caña y el carrete, calzarnos un vadeador y enfrentarnos a la inmensidad del mar, porque seguramente después de varias horas desistiremos en el intento de pescar, debido principalmente a que nuestras capturas serán mínimas, por no decir ninguna y nos marcharemos igual que hemos venido. Si de verdad decidimos practicar esta preciosa modalidad debemos hacerla correctamente. En primer lugar debemos observar la superficie marina e intentar divisar movimientos de peces pequeños saltando por encima del agua; esto será una señal inequívoca de la presencia de depredadores haciendo estragos en la población menuda; debemos fijarnos también en el vuelo de las gaviotas u otras aves que haya por las inmediaciones, si vemos que se producen picados hacia la superficie del mar, por parte de estas aves, será debido a la presencia de depredadores dando caza a peces pequeños y estos en su afán de huida quedan a merced de las aves. Si conseguimos colocar una mosca artificial o un streamer cerca de estos bancos posiblemente podamos alardear de una buena captura. En el caso de que todo esto no funcione, podemos optar por lanzar nuestras cañas en abanico, de forma que podamos abarcar la mayor zona de pesca posible, empezando por zonas cercanas a nosotros y alargando el lance conforme cubrimos mayor zona. Con relación al lugar, elegiremos siempre zonas donde la presencia de mújoles, lisas, obladas, zarpas y demás peces que puedan servir de pasto para los peces depredadores tengan mayor presencia, tales como las bocanas e interiores de los puertos, ensenadas, desembocaduras de grandes ramblas o ríos, salida de acequias, etc. 

CAÑAS:       

Con relación a las cañas de mosca, como se conocen popularmente, hay que decir que el mercado español es muy amplio, pero todas o casi todas deben tener las mismas características, un puño corto fabricado en corcho o material similar, el porta carretes muy cerca del final, un anillaje de oxido de carbono ideal para no producir calor al sedal cuando se fricciona con ellas, y por último fibra muy liviana.
Para empezar podríamos hablar sobre la composición de la fibra, ya que al ser una modalidad en la cual estaremos sujetando la caña en todo momento debemos elegir aquellas que por su alto contenido de carbono, kevlar e incluso mezcla de titanio, nos ofrezcan mejores prestaciones en flexibilidad y robustez. Estas cañas se fabrican en varios tramos, desde dos hasta cinco siendo la más usadas las de dos o tres. Al igual que sucede en otras cañas, en estas la acción también puede ser de punta, media o parabólica, mientras que la potencia no se mide en gramos como sucede en otras modalidades, sino que la potencia es determinada en función a la línea que se puede lanzar con ella sin tener dificultades o incomodidades. Debido a esto, en el mercado hay cañas para líneas del 1, 2, 3, 4 etc., e incluso actualmente han aparecido cañas para líneas del 0, pero estas por su condición de livianas no son aptas para la pesca a látigo en el mar, exceptuando claro está, cuando se practica en el interior de los puertos. Con respecto al anillaje hay que decir que la mayoría de las cañas tienen anillas de tipo serpentiformes, mono pata y de oxido de carbono, y por lo general de un diámetro un tanto reducido pero suficiente para poder deslizar por ellas la línea con toda fluidez.
Por otra parte, la longitud de dichas cañas, no se mide en metros sino que, debido a su procedencia se hace en pies (1 pie= 30,48 cm). Por ello, podemos encontrar cañas que van desde los seis pies y medio  hasta los dieciséis, aunque las más utilizadas son las de ocho y nueve pies (2,40 cm y 2,70 cm). Por ello, la longitud está relativamente relacionada en función del lugar donde realicemos esta modalidad. Por ejemplo, si la realizamos en el interior de los puertos y buscando precisamente a una especie que se clava fácilmente como es el mújol o lisa; la caña debemos comprarla relativamente corta, entre las medidas de  6,5 y 8 pies. Pero sin embargo si la pesca a látigo la enfocamos a zonas más escarpadas, como es lógico, deberemos utilizar cañas un poco más largas, de 9 pies por ejemplo y diseñadas para líneas del 10, con acción de punta progresiva capaces de lanzar sin esfuerzo grandes streamer, y con talón de combate de refuerzo, sobre todo para evitar los distintos escollos naturales que podamos encontrarnos, aparte de poder pelear bien con grandes peces como la anjova, espetones, lubinas, etc. Uno de los mayores problemas que surgen en esta pesca, es la brisa marina o peor aún el fatídico viento, ya que impiden realizar bien los lanzamientos, en cuyo caso es preferible utilizar cañas que no sean excesivamente largas, pero que sin embargo ofrezcan potencia, rapidez y mínima resistencia al aire. Una de las cosas más importantes en la selección de una caña para la pesca a látigo, que esta debe ser acorde con los elementos que vayamos a usar, esto quiere decir que la caña, carrete y línea deben seguir una proporción idónea; por ejemplo una caña fabricada para la pesca con una determinada línea, no puede ser usada para otras líneas, o  sea una caña para líneas del 5 debe ser usada para este tipo de líneas, a lo sumo puede usarse la inmediatamente superior o inferior, pero nunca debemos salirnos de dicha proporción, porque de hacerlo así los lanzamientos serán defectuosos. Con los carretes sucede lo mismo, ya que los carretes están fabricados para albergar una línea de un determinado número. 
CARRETES:

Cuando hablamos de carretes relacionados con la pesca a látigo en el mar, debemos tener en cuenta que deben ser muy livianos, para que no se hagan muy pesados al poco tiempo de estar realizando esta modalidad. Por lo general, no existen diferencia entre los carretes que se utilizan en agua dulce y los que se deben utilizar en agua salada, solamente en la composición de ellos, porque los que utilizaremos en el mar deben ser de materiales más anticorrosivos que los fabricados para el agua dulce.
Estos carretes tienen la bobina de almacenamiento del sedal muy similar a las bobinas que compramos en la tienda. Constan de dos discos colocados paralelamente y unidos por un eje, que será el encargado de almacenar el sedal. Estos discos suelen estar agujereados con el único fin de hacer al carrete más liviano, aparte de darle una buena ventilación al hilo. Otra de las cosas a tener en cuenta en los carretes de mosca, es que siempre estarán colocados al final del puño. El por qué de esta colocación es para que la mano se quede por encima de ellos y pueda haber un reparto de peso perfectamente equilibrado entre la caña y el carrete. 


 ¿Qué carrete elegir para la pesca a látigo en el mar?

A la hora de elegir un carrete para la pesca a látigo en el mar, hay que tener varios puntos en cuenta:
- Que los materiales con los que esté fabricado sean anticorrosivos al salitre marino.
- Que tenga la bobina capacidad suficiente para almacenar la cola de rata y por lo menos, 100 m de sedal de apoyo.
- Que sea muy liviano, aparte de que la bobina contenga ranuras o agujeros para una mejor ventilación del sedal. Fabricado con materiales como el grafito ultraligero, magnesio troquelado, etc.; que hacen al carrete muy poco pesado.
- Que el sistema de frenado y arrastre sea de discos, que se abrirán y cerrarán según las distintas situaciones que se originen.
- Que contenga varios rodamientos en su engranaje, para una mayor suavidad de recogida del sedal, aparte de que el guía hilos deber ser de un material anticorrosivo como el titanio o incluso la plata.


Está claro, que siguiendo estos puntos obtendremos el carrete ideal para practicar esta modalidad en todo su esplendor. Pero todos estos puntos se funden en tres requisitos fundamentales: Durabilidad, excelente acción e inmejorables prestaciones. Porque de nada servirá un carrete que en el momento de la picada del pez, al margen de ser una buena pieza o no, nos deje colgados sin freno o por el contrario se atasque en la salida del sedal, y todo por no haberle hecho una buena limpieza o un buen mantenimiento, aparte de tener en cuenta todo esto, siempre será preferible gastarse un poco de mas de dinero en la compra de un buen carrete.

En el próximo capitulo abordaremos los materiales de esta modalidad, como son  los sedales, nudos, anzuelos, plomos y sobre todo las técnicas.





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